Relato íntimo del Maestro Buenagu
Admiré mucho al Maestro Buenagu como compositor. Lamentablemente no pude disfrutar de su faceta como Director de Orquesta en activo, cosa que me habría encantado;
Le tenía un gran cariño y admiración; me sentí muy afortunada con su amistad.
Siempre me llamó la atención su gran humildad.
Esta característica la he observado en grandes profesionales y personas geniales que he tenido cerca; esta particularidad ha sido común a muchas de ellas
Analizando estos días esta circunstancia, he pensado que puede haber diferentes factores responsables de esta cualidad que comparten estas admirables personas:
-Por un lado, su gran experiencia, su visión del mundo y la comprensión de sus propias limitaciones.
-Las personas realmente talentosas suelen haber recorrido un largo camino lleno de esfuerzo, desafíos y aprendizajes. A medida que avanzan, reconocen lo vasto que es el conocimiento y cuántas cosas aún desconocen o no dominan. Esta percepción- sin duda -fomenta la humildad.
-Además, los genios, las personas con talento como Jose Buenagu, entienden que no han llegado solos y que siempre hay algo que aprender de los demás, sin importar su nivel.
La humildad permite construir relaciones más fuertes y auténticas.
Las personas humildes inspiran confianza y respeto en lugar de imponer su superioridad, lo cual suele ser crucial para mantener conexiones humanas relevantes, sinceras y auténticas, como muchos de nosotros la tuvimos con él.
-Posiblemente a lo largo de su vida, hayan experimentado el fracaso, hayan pasado por momentos difíciles, y este hecho les recuerde su condición humana y sea también lo que fomente una actitud humilde y comprensiva hacia los demás.
El verdadero genio no necesita presumir; su trabajo, su música en este caso, habla por sí mismo, como sucedía con el Maestro Jose Buenagu.
-La humildad muchas veces surge de la gratitud.
Es una señal de sabiduría y madurez, y demuestra que alguien entiende que el talento y el éxito son herramientas para servir y conectar, no para imponer o engrandecer su ego.
Jose estaba permanente agradecido. En mi caso, me agradecía, entre otras cosas, que fuera a sus conciertos. En una ocasión, con motivo de mi presencia en el Homenaje a Alberti, me escribió: “Con la obvia humildad vuelvo la mirada a tu espléndido talento musical y agradezco doblemente tu deseo de acompañarme en aquel rato”
En los últimos años, debido a su dependencia del aparato de oxígeno y al ruido que emitía, no podía asistir a conciertos y prácticamente permanecía sin salir de casa; era una situación que le entristecía enormemente.
En una ocasión, cuando se estrenó una de mis obras para piano a 4 manos Cuadernos de viaje de Nerea, me escribió: “Beatriz, diosa musical! Estoy deseando aplaudir lo tuyo. Me encantan las ocurrencias tuyas y la lucidez con la que están trabajadas”. Aunque lo interpreto como una exageración fruto del cariño, me sentí enormemente halagada al leerlo.
Siempre que podía le hacía llegar la música de mis estrenos; cuando le envié una obra mía para quinteto (cuarteto de cuerda +guitarra) me respondió: “Beatriz, me habría encantado escucharlo in situ. En estos tiempos finales de mi vida he querido volverme musicalmente niño. Mis últimas ocurrencias han pretendido tener la ingenuidad musical ajenas al rigor académico y a la demanda socio-profesional.”
En abril de 2020 me dijo: “estoy empezando otra composición: mi Réquiem, el mío. Y como no espero que lo podamos escuchar nunca porque nunca tendré solistas, coro, orquesta y director al servicio de mi humilde representación artística, he pensado que al grupito de seres para mí cercanos os quiero invitar al texto de esta obra. Así conocéis lo que dice y cada cual podéis inventarle una música de vuestra elección.” (nos envió el texto)
“Este texto yo no lo entiendo triste ni trágico. Para mi cumple con ser un poema que me dedico; poema para revestirlo de música.”
Posteriormente, ya en noviembre de ese año, volvió a escribirme:
“acabo de terminar mi propio Requiem (barítono, coro y orquesta u órgano).
Mi comentario a la escucha de su Requiem fue:
“José, no encuentro las palabras para expresar lo que ha suscitado en mí este Requiem. Este gran lamento fúnebre, conmovedor, triste, un grito desgarrador que me ha provocado mucha angustia; el lamento profundo sincero de un gran músico compartiendo con nosotros, con gran crudeza, sinceridad y maestría esta condición”
Se lo envié a través de Cecilia, y me respondió:
“Beatriz, quiero creer que lo que impresiona de ese Requiem no es tanto la música sino la manera literaria de enfocar el tema. Sobrecoge que uno tenga la osadía de encararse a la muerte con la naturalidad propia de una cita entre amigos. Por lo demás la música solo tienen “la valentía” de ser tratada con la simpleza como cuando uno no había adquirido todavía recursos técnicos de la escritura. Es un lenguaje directo del alma, no es una cualidad como compositor”. Y como os comentaba anteriormente que los genios, las personas talentosas como Jose son humildes y que la humildad muchas veces surge de la gratitud, se despidió diciendo :
“Bien, que sepas que en todo caso tu elogio tiene para mi un gran valor y me ha hecho sentir importante”. Y en su línea de grandeza, terminó: “Gracias, gracias, gracias”
©Bei







