AGUR AMATXO!!!
Un triste acontecimiento me golpeó cruelmente el alma el 10 de octubre de 2024, el fallecimiento de Inés, mi madre.
No hay palabras para expresar la enorme pena que me invadió ese día.
La muerte, ese proceso natural de nuestra condición humana, se nos hace siempre muy difícil y doloroso de gestionar.
Inés, una madre de las de antes, cuya vida giró alrededor del cuidado de sus 5 hijos, del hogar y del bienestar de mi padre y de la familia en general.
Asumió el rol de los pilares emocionales, fue el apoyo y la fortaleza en los tiempos difíciles de la evolución familiar.
Mi madre, siempre presente, nos transmitió valores como la disciplina, el respeto, el esfuerzo, la importancia de la responsabilidad y el trabajo duro.
Fue nuestra gran fuente de inspiración, un símbolo de fortaleza y profundo apego a la familia y a su tierra, una etxekoandre (mujer de la casa) en toda regla.
Su fortaleza no solo era emocional, sino también práctica, gestionaba el hogar y todo lo que rodeaba a la familia.
Mi ama fue el eje fundamental de su prole, ejercía la máxima autoridad. Nuestro refugio y protección.
Mi nacimiento fue un acontecimiento que llegó tarde. Estaba mi padre en un ensayo con su banda de música y tuvo que apresurarse pues le anunciaron que mi llegada era inminente.
Yo permanecí a la espera, sin querer salir del útero de mi madre, a medias de ese túnel negro, hasta que él llegó y decidí que ya no faltaba nadie y que el mundo era un lugar seguro
Fui la 3ª y nací en mi propia casa. Una fiesta total. En nuestro hogar, todo se celebraba con música; nuestros acontecimientos familiares eran amenizados por el piano de mi padre.
Ese 10 de octubre le escribí:
“Hoy es un día triste. Grandes mujeres han rodeado nuestra familia, nuestra madre Inés y sus hermanas; fueron en total 9. No tenemos más que cerrar los ojos y sentir la fortuna que tuvimos de nacer y crecer rodeadas por todas ellas. Pertenecían al caserío OXIÑA. De corazón grande y noble, fuertes, alegres, empáticas y generosas. En la parra de Oxiña festejaban la vida. Toda una estirpe de mujeres buenas, inmensamente buenas. Nuestra madre Inés fue el motor de nuestras vidas. Cinco hijos. A su lado, nuestro padre. Una vida de entrega y pasión a la música. Ella fue el apoyo y el amor incondicional de aita, que nunca hizo nada sin su respaldo y complicidad; era su musa. “El talento y la sensibilidad artística se heredan de la madre”, sostenía Schopenhauer. Fue sin duda la encargada de transmitirnos todo eso, con la pasión y la entrega de una mujer increíble.
Ama, Gure bihotzean beti!!!
Al mes de su fallecimiento se estrenaba una obra mía en Madrid, en el Auditorio CentroCentro:Paraíso perdido, para cuarteto de cuerda.
Seguía todavía con una gran herida en el alma, y cuando presentaba mi modesto homenaje a “El paraíso perdido”, texto publicado por John Milton en 1667, explicando que era una reflexión sobre las pérdidas, me derrumbé. La gran pérdida de mi ama estaba demasiado reciente.
“Todo paraíso conlleva la posibilidad de la pérdida, quizás recuperable algún día, pero no en su formato original.” mentaba yo.
La pérdida de una madre como tú, ama, es un capítulo irrecuperable. Espero que te encuentres en un maravilloso paraíso, rodeada de todos los que te han precedido, esperando nuestro reencuentro.
AGUR AMATXO, hurrengo arte!!!!
© Bei







